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Curso de verano 2007

LAS LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN DEL CAPITAL SOCIAL

Antoine Bevort Conservatoire National des Arts et Métiers-CNAM. Paris. (Francia)

Resumen

Las líneas de investigación del capital social son numerosas. Michael Woolcock (2001) nombra al menos siete campos en los que se utiliza la teoría del capital, la familia y los jóvenes, la escuela y la educación, la vida de las comunidades (community life), el trabajo y las organizaciones, la democracia y la gobernanza, los problemas de la acción colectiva y el desarrollo económico. Esta lista, que no está cerrada, demuestra los múltiples usos del capital social, que interesa tanto a los politólogos, los economistas y los sociólogos, como a instituciones como el FMI o la OCDE.

Hay numerosas formas de presentar la organización del campo de las investigaciones sobre el capital. Presentaremos a continuación tres enfoques. La primera clasificación de los principales temas de investigación es fruto de una rápida investigación de una base de datos de publicaciones científicas. La segunda, desarrollada por Alain Caillé, expone los principales debates que estructuran los trabajos sobre el capital social. La tercera clasificación de los campos de investigación, tomada de una investigadora canadiense, Sandra Franke, se basa en la distinción de tres niveles de enfoque, micro, macro y meso, del capital social.

Una investigación sobre la base de datos de Science direct (palabra clave «social capital» en el apartado «social sciences») da una primera idea de las características de la literatura sobre le capital social (Bevort, Lallement, 2006). Poco importa aquí que la base explorada no recapitule todas las revistas de ciencias sociales ni abarque la exhaustividad de las obras publicadas en ese período. La muestra utilizada es suficientemente amplia y representativa para que el resultado obtenido sea significativo (1). Para esta breve exploración, nos hemos limitado a las revistas publicadas en el período 1990-2004 y hemos examinado los títulos, resúmenes y palabras clave que contenían el término «capital social». De este modo, se han elegido 357 artículos. Como indica el cuadro 1, tres campos científicos son especialmente receptivos al tema del capital social, la salud, el desarrollo económico y la socio-economía. No hace falta que precisemos los límites metodológicos de este sondeo (sesgo de la base utilizada, datos no comparados con el volumen de artículos publicados por cada revista...). No obstante, los resultados merecen ser tenidos en cuenta.

Cuadro 1 – el capital social en revistas (1990-2005)
Revistas Número de artículos relativos al capital social
Social Science & Medecine 60
World development 37
Journal of Socio-Economics 27
Social Science Research 10
Research in the sociology of organisation 10
Agricultural system 09
Health & Place 09
Journal of Economic Behavior & Organisation 09
Ecological Economics 07
Technovation 07
Social Network 07

Fuente: Science direct

Social Science & Medecine destaca claramente a la cabeza de la clasificación. Dentro de ella, casi uno de cada seis artículos está dedicado al capital social. Esta revista inglesa es lo que tiene de particular, que aborda los temas de salud esgrimiendo los puntos de vista más variados (antropología, economía, psicología, sociología, epidemiología o política social) a nivel disciplinario, ofreciendo reflexiones dedicadas tanto a la salud física y mental de las poblaciones como a las profesiones, políticas y organizaciones de la salud. Añadiremos que Social Science & Medecine se dirige a un variado público de investigadores, profesionales y responsables políticos. El hecho de que en esta clasificación se encuentre en primera posición una revista dedicada a la salud no es fruto del azar. En este campo, el prisma del capital social ya se había utilizado mucho antes de los años 1990. Para ser más precisos, ya en 1979, Lisa Berkman y Leonard Syme publicaron un importante artículo para la problemática del capital social en el American Journal of Epidemiology. Los autores estudiaban las relaciones entre los vínculos sociales y la mortalidad en un condado de California. Para ello, explotaban datos tomados de un sondeo realizado por el Departamento de Servicios de Salud del Estado de California sobre el matrimonio, los contactos con la familia y los amigos, la participación en la vida religiosa y la participación en las actividades de grupos oficiales y oficiosos. L. Berkman y L. Syme mostraron que, en las personas que presentaban vínculos sociales débiles o incluso inexistentes, la probabilidad de morir durante el período que seguía al estudio era mayor que en los demás. Como demuestra Social Science & Medecine, y también otras revistas especializadas en salud, después de esta publicación pionera, se han efectuado muchos otros trabajos interesándose por la relación entre integración social y estado de salud de las poblaciones. Observamos correlaciones interesantes entre ciudadanía y salud, entre integración y apoyo social y disminución de los efectos nocivos del tabaco o de una presión arterial elevada…

La presencia de World development en la segunda posición demuestra el interés que han podido encontrar algunos economistas en la noción de capital social. En Regards croisés sur le capital social, una de las escasas obras publicadas en Francia sobre el capital social, Jerôme Ballet y Roland Guillon explican que el concepto «se ha impuesto como una referencia que podría evitar al investigador cualquier reduccionismo economicista al efectuar una consideración social y económica de la actividad humana» [Ballet, Guillon, 2003, p. 181]. Esta es después de todo la ambición de World Development. Esta revista canadiense con vocación interdisciplinar, se interesa por las acciones llevadas a cabo en el mundo para luchar contra los problemas de pobreza, desempleo, malnutrición... y muestra una voluntad muy pragmática de poner de manifiesto los balances y las lecciones que puedan sacar los actores de las experiencias de desarrollo analizadas en los artículos publicados. En su obra de 1993, R. Putnam también había tratado las relaciones entre capital social et desarrollo económico. Podemos dudar por supuesto, y con toda la razón, de la pertinencia del uso que se da a veces a esta entrada para reflexionar desde un nuevo ángulo sobre los fundamentos de las políticas económicas y los de las estrategias de desarrollo. Sin embargo, nadie duda de que los trabajos de R. Putnam han ofrecido la ocasión de revisar antiguos esquemas y pulir nuevos interrogantes sobre los fundamentos sociales de las dinámicas económicas.

No es extraño por ello que una revista como el Journal of Socio-Economics esté en la tercera posición de nuestra clarificación. El renacimiento de la sociología económica es deudora actualmente, entre otros elementos explicativos, del (re)descubrimiento de las múltiples formas de empotramiento que dan forma y sentido a la acción. Utilizando la psicología o la sociología, los autores que publican en el Journal of Socio-Economics muestran en qué medida el hecho de reducir al individuo sólo a sus intereses es insatisfactorio desde un punto de vista analítico. Si no se tienen en cuenta los vínculos sociales, las creencias, las instituciones..., no podemos pretender una inteligencia de hechos sociales, como el mercado, la empresa, el trabajo, etc. La movilización de la noción de capital social participa así en la reviviscencia de una sociología económica que ha sabido sacar también partido de los trabajos sobre la fuerza y la debilidad de los vínculos sociales, sobre la dinámica de los terrenos, sobre la recomposición de las formas de organización, sobre la multiplicidad de tipos de intercambios mercantiles… Sin embargo, no hay que dejarse engañar. Como todos los demás, la sociología económica es un campo intelectual heterogéneo en el que se compiten puntos de vista e intereses enfrentados. Con riesgo de esquematizar excesivamente, diremos, como recuerda Emmanuel Lazega (in Bevort, Lallement, 2006), que los sociólogos de las redes dan prioridad a la objetivación de las «estructuras» relacionales y proponen un análisis sobre su emergencia y sus efectos (un enfoque que califican como estructuralista o neo-estructural). Los adeptos de la problemática del capital social inspirados por R. Putnam se interesan más por la puesta en evidencia de «formas» relacionales (más abiertas a la fluidez y la subjetividad) y analizan sobre todo la forma en que dichas formas producen normas, gracias sobre todo a acciones colectivas. Sin embargo, esta dicotomía no hace justicia a una multitud de trabajos de inspiración neo-estructural que, siguiendo el ejemplo de la investigación dirigida por E. Lazega sobre el fenómeno colegial (2001), saben articular estructuras relacionales y producción de normas.

Los pocos datos que hemos utilizado nos impiden ir más allá. Anulan el éxito obtenido por el capital social en ciencias políticas o en ciencias de la educación.

En su prefacio de la obra sobre el capital social del que se ha extraído el análisis precedente, Alain Caillé (2006) distingue por su parte «al menos» cuatro grandes tipos de debate o de objeto de estudio que cruzan los trabajos sobre el capital social.

  1. El primer campo de debate se refiere a todas las condiciones y prerrequisitos sociales necesarios para una democracia efectiva. Sus preguntas se refieren al grado y la calidad de la participación en la vida asociativa; el grado de autonomía de las asociaciones y ONG con respecto a los Estados o las empresas; el tipo de interés que defienden las asociaciones, centradas bien sea en los intereses personales de sus miembros o bien en causas externas o de interés general. Según el sociólogo del "don", esta discusión se cruza con la del papel del sector terciario o de la economía solidaria en el mundo.
  2. El segundo campo de debate, desarrollado principalmente por las instituciones internacionales, como el Banco Mundial o la OCDE, se refiere a la influencia del capital social en el desarrollo económico de las naciones. Uno de los grandes méritos de la noción de capital social ha sido que ha contribuido a abrir una brecha en el consenso de Washington, que pensaba que la democracia nacía y se desarrollaba necesariamente en la estela de los éxitos de la economía de mercado. Los trabajos sobre le capital subrayan que son la calidad de las instituciones y de la vida democrática las que condicionan el crecimiento económico. Confianza, asociaciones, democracia, explicitación de los derechos de propiedad, sistema jurídico explícito y operativo y administración eficaz, con algunas de las claves para el desarrollo que no dependen del capital económico sino del capital social.
  3. El tercer campo de los estudios que utilizan la noción de capital social es más vasto, difuso y difractado. Tanto si se trata de la vida familiar, como de las relaciones de entreayuda y vecindario, el éxito escolar, el funcionamiento intra o inter-empresas, etc. los trabajos se interesan por la capacidad de acción colectiva de los grupos sociales y por el rendimiento de las instituciones y las organizaciones. Según el grado de formalización al que pretenden, estos estudios apuntan hacia una objetivación y una cuantificación del capital social que podrían hacer aparecer correlaciones positivas o negativas con alguna de las variables (por ejemplo, el éxito escolar) cuantificada a su vez. .
  4. Por último, los estudios sobre el capital social incluyen un campo de investigación particularmente puntero desde hace una quincena de años: los estudios sobre las «redes». ¿Es el capital social otra cosa más que un conjunto de redes de relaciones – una «rede de vínculos» como ya decía Bourdieu? ¿Poseer un capital social, es otra cosa además de tener y mantener redes? Unas redes que son tanto más útiles y eficaces en la medida en que dentro de ellas se está vinculado a los demás miembros de la red mediante esos «vínculos débiles» cuya fuerza ya había aplaudido en 1973 el papa de la nueva sociología económica, Mark Granovetter. También, siguiendo la misma línea de idea, según se ocupe un «agujero estructural» [Burt, 1992]. Estas redes, encarnaciones concretas de la entidad «capital social», según los autores, pueden ser estudiadas a su vez de un modo etnográfico, o bien ser objeto de un análisis matemático sofisticado.

En su trabajo sobre La mesure du capital social, la investigadora canadiense Sandra Franke (2005) elabora una tercera clasificación basada en la distinción de tres niveles de enfoque: micro, macro y meso, dando cada nivel prioridad a una dimensión particular del capital social. El enfoque micro hace hincapié en la naturaleza y las formas de los comportamientos de cooperación; el enfoque macro se ocupa de las condiciones (favorables o nocivas) de cooperación; por último, el enfoque meso estudia más particularmente las estructuras de aplicación de la cooperación. Los tres enfoques se presentan en los siguientes términos.

  • El enfoque micro da prioridad al valor de la acción colectiva del capital social. Se interesa por la propensión que tienen los actores a cooperar para conseguir ciertos objetivos. En este enfoque, el capital social aparece como el potencial de cooperación que poseen los grupos, las asociaciones, etc. para aumentar sus capacidades de acción colectiva. El capital social está percibido como un producto de 1) las motivaciones (valores y motivaciones) de los autores para asociarse; 2) los modos de cooperación de los actores; y 3) la representaciones de los retos colectivos que comparten los actores. Es lo que el Banco Mundial llama el «capital social cognitivo» (Grootaert et van Bastelaer, 2001).
  • El enfoque macro está centrado en el valor de integración y cohesión social del capital social, en los grados de participación delos actores. Son el entorno y las estructuras sociales y políticas de una colectividad, que vehiculan valores y normas (principalmente la confianza y la reciprocidad), las que crean ciertas condiciones para el compromiso social y la participación cívica y política. Según este enfoque cercano a las teorías institucionalistas, se analiza el capital social como un producto de estas estructuras. Cuanto más favorecen éstas la confianza y la reciprocidad, más tendencia tienen los individuos a implicarse en la vida cívica y más capital social hay. Al igual que en el enfoque micro, los que adoptan una perspectiva macro se interesan en el capital social como beneficio colectivo (Putnam, 2001).
  • Por último, el enfoque meso se interesa por las redes sociales, la posición de los miembros dentro de dichas redes, los tipos de interacciones y sus condiciones de realización; son todos ellos factores que determinan la naturaleza y el modo de circulación de los recursos dentro de las estructuras (por ello se le llama meso). Cercano a la teoría de la movilización de los recursos, este enfoque se interesa por el valor más instrumental del capital social, asociando el concepto a la capacidad de las redes sociales para producir recursos como el de la información, el soporte, etc. (Burt, 1984; Lin, 2001; Portes, 1998). El Banco Mundial utiliza el término «capital social estructural» para designar este enfoque (Grootaert y van Bastelaer, op. cit.). Este enfoque supone que el capital social no es ni una propiedad individual ni una propiedad colectiva, sino más bien una propiedad de la independencia entre los individuos y los grupos dentro de una comunidad. De este modo, el beneficio puede ser tanto individual como colectivo.

Estos tres enfoques del capital social tienen en común que reconocen la contribución del compromiso social – o del vínculo social – para el crecimiento y el bienestar. Cada enfoque aborda no obstante la problemática de la cooperación a partir de ángulos de análisis complementarios (la acción colectiva, la participación o las redes sociales).

Podríamos multiplicar las clasificaciones, pero lo que muestran todas ellas es a la vez una inspiración, una pregunta común sobre las condiciones de la acción colectiva y la diversidad de modelos de análisis como terrenos de investigación del capital social. Como cualquier noción de moda, el capital social tiende a convertirse en una noción «maleta». Algunos deducen de ello la fragilidad del concepto y otros alaban la plasticidad. A pesar de las críticas que suscita esta moda, algunos autores nada sospechosos de complacencia con las teorías del capital social, reconocen una virtud estimulante en este debate. La teoría del capital social representa una importante contribución para la renovación de las reflexiones sobre temas clave como la acción colectiva, la democracia, las políticas públicas, el vínculo social…

Referencias bibliográficas

  • Ballet J., Guillon R. (dir.) (2003), Regards croisés sur le capital social, Paris, L’Harmattan.
  • Berkman L, Syme L. (1979), «Social networks, host resistance, and mortality: a nine-year follow-up study of Alameda County residents», American Journal of Epidemiology, vol. 109, n° 2, p. 186-204.
  • Bevort, A., Lallement, M., (dir) (2006), Le capital social – Performance, équité et réciprocité, Paris, La Découverte-Mauss, 2006.
  • Burt R. (1984), « Network Items and the General Social Survey », Social Networks (6), p. 293-333.
  • Caillé, A. (2006), préface in Le capital social – Performance, équité et réciprocité, Bevort, Lallement, Paris, La Découverte-Mauss,
  • Franke, S. (2005), La mesure du capital social, Documento de referencia para la investigación, la elaboración y la evaluación de políticas públicas.
  • Grootaert et van Bastelaer, (2001), Understanding and Measuring Social Capital: A Synthesis of Findgs and Recommendations From the Social Capital Initiative, documento de trabajo del SCI, n° 24, Banco Mundial, Washington.
  • Lazega E., (2001), The collegial Phenomenon, Oxford, Oxford University Press.
  • Lin, N. (2001) «Building a Network Theory of Social Capital», in Social Capital: Theory and Research. N. Lin, K. Cook and R.S. Burt (eds), New York, Aldine de Gruyter, p. 3-30.
  • Portes, A. (1998), «Social Capital :its origins and Application in Modern Sociology», Annual Review of Social Sciences, vol. 24, P 1-24.
  • Putnam R. D., 1993, Making Democracy Work. Civic Traditions in Italy, Princeton, Princeton University Press.
  • Putnam R., 2000, Bowling Alone. The Collapse and Revival of American Community, New York, Simon and Schuster.
  • Revue française de sociologie, 1995, n° spécial « Réseaux sociaux », vol. XXXVI, 4.
  • Woolcock, M. (2001), Micro enterprise and social capital: a framework for theory, research and policy, Brown University and the World Bank, Washington, DC, USA, Journal of socio-Economics 30, 193-198.

Notas al pie

  • (1) Tanto para los artículos como para los libros, el motor de búsqueda ha adoptado el término «social capital» incluido en los resúmenes, los títulos y las palabras claves en todas las revistas, libros y bancos de datos catalogados en Science direct. La base de datos consultada incluye revistas (n = 248) y obras anglo-sajonas, pero no exclusivamente. En consecuencia, se ha podido (con una traducción automática de «social capital») incluir otras publicaciones no anglo-sajonas en la muestra explotada.

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