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La posición competitiva de la economía vasca en el entorno global del siglo XXI

LA POSICIÓN COMPETITIVA DE LA ECONOMÍA VASCA EN EL ENTORNO GLOBAL DEL SIGLO XXI

D. ALBERTO ALBERDI LARIZGOITIA.

Economista, Asesor económico del Departamento de Industria del Gobierno Vasco. Vitoria-Gasteiz..

Competitividad es la cualidad de una economía de producir en condiciones de libre mercado bienes y servicios que superan la prueba de los mercados internacionales elevando al mismo tiempo el nivel de vida de sus ciudadanos. No cabe duda de que la economía vasca durante el periodo posterior a la recesión de principios de los noventa ha sido una economía fuertemente competitiva. Entre 1995 y 2005 ha visto más que duplicarse sus exportaciones no energéticas (122% de aumento) manteniendo su grado de apertura exterior en un contexto de fuerte crecimiento del PIB: el PIB por habitante ha pasado del 104% de la media de la UE 25 en 1995 al 122,9 en 2004.

Sin embargo, esa favorable visión de la competitividad queda matizada cuando tenemos en cuenta que esa superación del nivel europeo no se ha basado en mejoras de la productividad, que no han sido superiores a las europeas, sino en una espectacular incorporación de nuevos efectivos al mercado de trabajo, en el que la tasa de ocupación ha pasado del 48,4% al 64,2% y la tasa de paro se ha reducido desde el 23,8% al 5%.

El balance de la última década con ser extraordinario no deja también de presentar por lo tanto algún claroscuro. Pero sobre todo, más allá del mismo debe primar la consideración de que el éxito pasado no garantiza el futuro, entre otras razones porque el contexto es completamente diferente. La globalización de los mercados ha experimentado un espectacular avance durante ese mismo periodo con la creciente liberalización de los mercados de bienes y de capitales, con la emergencia de grandes economías con ventajas en costes y con la ampliación de la Unión Europea que a todo lo anterior añade un desplazamiento hacia el este de los ejes de gravedad del mercado europeo. Con una relación de costes laborales que se mueve entre el tres a uno y cuatro a uno respecto a los países de la ampliación, y con unos costes laborales unitarios que ocupan una posición intermedia en el ámbito de la Unión se hace evidente la urgencia de que la economía vasca dé por concluido el paso de una economía basada en los factores a una basada en la inversión y en la eficiencia operativa para abordar un tercer estadio más avanzado basado en la innovación y en la estrategia de la diferenciación.

El paso al tercer estadio no significa que los costes dejen de ser importantes ni que el anterior de la inversión esté plenamente superado. El estadio de la inversión es también un estadio innovador, de tecnología incorporada a los equipos, de énfasis en la eficiencia operativa, de búsqueda de la dimensión óptima. El crecimiento empresarial característico de la última década en la que la pérdida de la gran empresa tradicional se ha visto compensada con el desarrollo de 70 grupos empresariales con alrededor de 200 implantaciones productivas en el exterior, y en general la ganancia de dimensión e internacionalización de todas las Pymes debe continuar, al tiempo que se garantiza la regeneración del tejido empresarial por un reforzamiento de la capacidad emprendedora.

Pero el gran reto de la segunda transformación se centra en la innovación como nueva palanca para impulsar la productividad y el progreso. Innovación significa transformar conocimiento en productos llevados al mercado con éxito. Significa competitividad. Y en est e ámbito la economía vasca puede decirse que se encuentra a la cola del grupo de cabeza. El dato más conocido que coloca nuestro esfuerzo en I+D claramente por debajo de la media europea (1,4% frente a 1,9%) no hace justicia a la posición global del sistema de innovación, pero sí tiene la virtud de señalar que este es también un terreno de claros y obscuros cuando se toma la referencia europea.

De acuerdo con la visión más completa del European Innovation Scoreboard, indicador compuesto de veintiséis indicadores, Euskadi se encuentra casi al nivel de la UE 25, pero un 9% por debajo de la UE 15 y con un balance desequilibrado entre lo que son los esfuerzos y las capacidades y los resultados y las aplicaciones que se consiguen. Hay fortaleza en el factor humano, principal motor de la innovación – con el significativo lunar de la formación permanente – y en el esfuerzo en creación de conocimiento; pero escasa innovación en producto, en el nivel tecnológico de los mismos y ausencia significativa de cultura de propiedad industrial.

Los mismos claroscuros se manifiestan en la realidad institucional, tanto la orientada a la cooperación como la de formación o la más general del sistema de innovación: en cooperación se han desarrollado capacidades indudables pero con resultados desiguales, el potencial humano es formidable pero falla la formación de excelencia, por no hablar de la situación de la formación continua; el acervo tecnológico construido es notable pero falta masa crítica, aplicabilidad empresarial y orientación a resultados.

Para superar esas debilidades, siguiendo el ejemplo del pasado el reto de la segunda transformación se debe abordar desde una estrategia endógena que sea más ofensiva que defensiva. Una estrategia que contemple el ajuste a la globalización pero que prime la diversificación y el cambio del tejido productivo centrándose en la innovación y en sus factores fundamentales. Una estrategia que impulse la ciencia, la educación superior y la formación de los ocupados de menor cualificación, que refuerce las instituciones del sistema de innovación y la productividad del mismo, que profundice en las instituciones para la colaboración y en el desarrollo de grupos empresariales.

 

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